Celac África, el futuro es ahora
Con una población de más de 1.500 millones de personas, África es una zona ideal para el intercambio de bienes y servicios y las inversiones de Colombia

No, África no es el continente del futuro, tal vez jamás lo ha sido. Refleja un presente con grandes potencialidades. Hizo daño aquel lugar común infundado, pues aplazó un acercamiento con un actor clave del Sur Global que buena parte de la dirigencia colombiana desconoció, por ignorante, chovinista y racista.
La llegada del único gobierno progresista de la historia marcó un cambio en esa pauta. Ad porta s del primer encuentro entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y África (18 -21 de marzo) en Bogotá, vale la pena insistir en la importancia de un diálogo sostenido y no de encuentros esporádicos o únicamente bilaterales.
La elección de Gustavo Petro y Francia Márquez marcó un hito: por primera vez se realizaron cuatro giras a rincones de ese continente donde jamás habían llegado funcionarios colombianos de alto rango. Los medios hegemónicos reaccionaron con proclamas simplistas que, en algunos casos, destilaron racismo en contra de la vicepresidenta Márquez. Las caricaturas reemplazaron los análisis sesudos sobre la realidad, economía, cultura, posibilidades de intercambio y chances de cooperación con Etiopía, Ghana, Kenia, Nigeria, Mozambique, Senegal, Sudáfrica y Togo, entre otros.
Dicen que el Gobierno comunica mal o no transmite lo suficiente. Al Ejecutivo le corresponde rendir cuentas, sensibilizar y relatar con el debido detalle, tarea realizada. Sin embargo, el papel de los medios no ha estado a la altura para poner el tema africano en la agenda nacional, tal como lo han reclamado los pueblos del Pacífico y del Caribe, exigiendo una proyección seria al África Subsahariana.
El Foro de Alto Nivel Celac África debe servir para que academia, gremios, organizaciones sociales, autoridades locales, y medios de comunicación se incorporen a una discusión en materia de cooperación, comercio, reparaciones y justicia étnico-racial, así como por la defensa del multilateralismo.
Del 18 al 21 de marzo, América Latina y el Caribe conversan con África, concretan puntos, abren posibilidades, en algunos casos realizarán consultas políticas bilaterales. Pero lo más importante es entender que el acercamiento por bloques no sólo es ideal, sino necesario y urgente en un mundo donde el derecho internacional, las normas más básicas del comercio y la cooperación, y el sistema de Naciones Unidas están bajo el más brutal asedio de toda la contemporaneidad. En el marco de la 39° Cumbre de la Unión Africana, Ghana le exigió al mundo que se tipifique a la esclavitud como crimen contra la humanidad, reclamo legítimo que pone en la agenda birregional la idea de un trabajo conjunto en pro de una memoria que reestablezca en lo posible, la dignidad de esas víctimas (sus descendencias) aún vilipendiadas por un negacionismo que campea en todos los rincones de la geografía universal.
Nadie se salva de la relativización de la gravedad de semejante práctica. Suele invitar con justa causa Francia Márquez a convertir las rutas que en el pasado fueron utilizadas para la trata de esclavos, en vías para intercambios de bienes y servicios, saberes, prácticas, la movilidad de las personas (turismo y estudiantes) y para un diálogo político que haga más trascendente la voz del Sur Global.
Con una población de más de 1.500 millones de personas y un crecimiento económico sostenido que se espera que en 2027 supere el 4,5%, África es una zona ideal para el intercambio de bienes y servicios y las inversiones. Un sector del empresariado colombiano que ha acompañado las giras de la vicepresidencia sirve como testimonio de un potencial llevado a la práctica con el café (agregación de valor), la confitería, las baterías, y en emprendimientos que brillan por contener un enfoque diferenciado territorial o de género (Ella exporta a África).
El comercio y las inversiones con África suelen tener un impacto social destacable. En materia de cooperación la relevancia se explica por las similitudes en algunos procesos políticos y de conflicto (desarme, desmovilización y reintegración, justicia transicional y construcción de paz), las vulnerabilidades frente al cambio climático o la dependencia frente a algunas naciones del Norte Global, y cómo no, por el cambio irreversible en los patrones de la asistencia o ayuda oficial para del desarrollo (AOD).
Nos acostumbramos a descubrir esta África a punta de las caricaturas exotistas de Disney o por clichés que pasaron por las voces del Norte. Un exfiscal parapetado en esa condición para ser candidato, se refirió al África como el continente de la mendicidad. Ignora que se espera que en este 2026 su crecimiento sea superior al de Asia, que existen dos monedas regionales funcionales (algo que hemos sido incapaces los latinoamericanos a pesar de la voluntad) y que es la zona más joven del mundo, con un potencial demográfico en el que pocos reparan.
Su voz prejuiciosa pero no excepcional lastimosamente, es muestra de un racismo institucional que nos aísla, llevamos décadas mirándonos el ombligo, metáfora reveladora sobre nuestra pequeñez de cara al cosmopolitismo. Ha sido “el peligro de la historia única” que advirtió Chimamanda Ngozi Adichie. El diálogo latino-africano que desmonte estigmas es un deber. No existe coyuntura más propicia y bajo el liderazgo de la primera vicepresidenta afrodescendiente, Colombia debe estar a la altura de semejante desafío histórico, aquello no obedece a un capricho de gobierno, sino al más alto interés de Estado.
Los valores nacionales no se pueden seguir equiparando con los deseos cortoplacistas de quienes manejaron hasta ahora, la política exterior privilegiando el interés de clase. Esta proyección al África debe ser irreversible, acompañada por el resto de América Latina y del Caribe (este último pionero y visionario en ese acercamiento) y trascender los cambios de gobierno. Es la hora del Sur Global y de la diplomacia de y para los pueblos.
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