EL PAIS.COM

COMPÁRTELO

  • Twitter
  • Skup

Martina Correia y Victoria Davis
Todos somos Troy Davis (EE UU)

Familia de Troy Davis, 42 años, ante su casa en Savannah (Georgia). Troy, acusado sin pruebas convincentes de matar a un policía en 1989, ha estado tres veces en el corredor de la muerte.

"Soy Troy Davis", dice la camiseta que luce Martina. Al fondo, su madre, Victoria, y su sobrina. El concepto de que todos podemos ser Troy es la base de la campaña de AI por su liberación y para acabar con la pena de muerte en el único país de América que todavía la aplica. La Corte Suprema de EE UU no ha considerado las irregularidades en su caso. Solo queda que el Estado de Georgia le conmute la pena por perpetua. "Nos oponemos a la ejecución premeditada de un ser humano por el Estado en nombre de la Justicia en todos los casos, sin excepción". En 2010, en China hubo más de mil ejecuciones; en Irán, 253; en EE UU, 46. "En EE UU existe una pauta persistente y generalizada de violaciones de derechos", opina AI.

ígor Sutyagin
El científico ruso acusado de espía

Nacido en 1965, fue miembro del Instituto de Estudios sobre EE UU y Canadá de la Academia Rusia de Ciencias. Arrestado en 1999 y condenado en 2004 a 15 años de prisión por 'traición'. Tras las presiones fue deportado al Reino Unido en 2010.

Experto en sociología militar, le acusaron de pasar datos a China en un programa de cooperación universitaria... Desengañado, perdido en la monumentalidad de Oxford (Gran Bretaña), recién llegado en una suerte de intercambio de espías, siente como una losa su vida malgastada; pasó la última década sin investigar, no tiene trabajo, está solo. Denuncia con sarcasmo a "la nueva Rusia", que detiene científicos sin más, de los que nadie se ocupa ("Ni siquiera AI", dice) porque el Gobierno vende normalidad. Y da una lista: Valentin Danilov, Ígor Reshetin, Mikhaíl Ivanov, Aleksandr Rozhkin... Según AI, en Rusia hay 7.000 presos de conciencia

Valdenia Paulino
Defensora de Derechos Humanos (Brasil)

Nacida en São Paulo, 43 años, abogada, luchadora por los derechos en las favelas de su ciudad. Amnistía tuvo que sacarla de allí con el programa de protección temporal de defensores.

Comandante Caipiriña, la llaman en AI. Menuda, capaz de mover montañas, tan popular, que cuando se casó con Renato, exmisionero comboniano, tenía 17 parejas de padrinos, y tan amenazada, que llegó en secreto a su boda, pero bailando samba. Corre ahora sin descanso tras jueces, asistentes sociales, por la oficina de su organización (CEDHOR), por favelas o entre los rascacielos de esa alucinación de desigualdad que es João Pessoa (como Brasil entero). Un no parar. Salió de su São Paulo añorado amenazada por la policía, los narcos, los escuadrones: "Juntos o por separado". Jugaron con ella, lo mínimo, a la ruleta rusa. Sonríe, pero sus ojos guardan lo oscuro.

Ascensión Anguita
El mapa del cuerpo

Separada, 55 años. Víctima de violencia psicológica, amenazas y agresión mortal por parte de su exmarido.

Fue en 2000, él la atropelló en Sevilla y le asestó 15 puñaladas: "También en el cuello". Lo recuerda bien. "Me salvé por un médico cercano que me pinzó la carótida". Ascensión tiene su vida grabada en las líneas de su cuerpo. Cicatrices brutales. El día, el lugar, la hora. "No voy de víctima", dice. Pero vive con ello cada segundo, difícil expulsar el bicho cuando está dentro, insegura, se siente vacía, sin autoestima. "Tardé tres años en poder mirarme a un espejo". Ahora ha adelgazado 15 kilos, quiere tomar aire, reiniciarse, porque dice que está inválida, sin oficio ni beneficio. Anda medicada y siempre apegada a sus hijas. Amnistía puso en marcha una campaña contra la violencia de género en 2004.

María Ubilerma / Luz Marina Bernal
Madres de Soacha (Colombia)

Sus hijos, Jaime Steven Valencia, de 16 años, y Fair Leonardo Porras, de 26, fueron asesinados por miembros del Ejército colombiano en 2008, en Córdoba, haciéndoles pasar como guerrilleros para cobrar, así, la recompensa oficial.

Los llaman 'falsos positivos': 3.193 asesinados, siempre de zonas deprimidas. Una veintena, de Soacha (cerca de Bogotá), chavales que nunca habían salido de allí, a los que no costaba convencer con promesas de trabajo. Las madres de Soacha pasaron por Madrid para reclamar justicia. Hablaron ante el Consejo General Federal de Amnistía (en noviembre). Y el aire se cortó con sus palabras: "Yo lo sentí; supe un día que mi hijo estaba muerto". Hubo destituciones en el Ejército y poco más. AI instó al Gobierno colombiano a investigar en profundidad y garantizar la seguridad de los familiares que son amenazados aún hoy sistemáticamente para que callen.

Marcos Ana
El preso franquista

Salamanca, 1920. Fue comisario político del PCE; 23 años preso de la Guerra Civil.

Considerado un símbolo de la represión por Amnistía, fue condenado a muerte dos veces, pasó de ser el preso franquista más tiempo encerrado a convertirse (en 1961) en ciudadano libre y aclamado, querido por todos. "Y por las mujeres, más", se ríe, mostrando en fotos lo buen mozo que era. "Y de ahí, al hombre más besado de España", le decía Alberti. Desprende un amor por la vida sin igual, tiene verbo agilísimo, memoria intacta, es engatusador... Conocerle desvela por qué sobrevivió tan bien a tan largo encierro: escribir le salvó. Habla de sus errores y logros con tranquilidad. No tiene cuentas pendientes con la vida. No se queja de la que le ha tocado. Y no para de viajar, dar charlas y contar lo que representa una cárcel para un ser humano.

Celestine AkpoBari
El petróleo o la vida

Port Harcourt, Nigeria. 38 años, opositor, miembro de Mosop y Social Action.

Amenazado, viviendo "minuto a minuto", ha llegado a Madrid Celestine desde Nigeria, décimo productor de petróleo del mundo. Para dar testimonio de las penurias del pueblo ogoni en una suerte de lucha de David contra Goliat, como suelen ser las indígenas: un pueblo de menos de un millón de personas contra las poderosas petroleras que "esquilman, explotan, contaminan desde hace medio siglo y nos expulsan de las tierras...". La que fuera lucha del escritor Ken Saro Wiwa y otros ejecutados por defender su territorio en 1995 sigue abierta. Una de las peores catástrofes ecológicas del mundo que, a ojos occidentales, ni existe. AI publicó su informe 'Nigeria, petróleo, contaminación y pobreza en el delta del Níger' en 2009.

Anne Fitzgerald
Investigadora de guerra

Dublín (Irlanda), 52 años. Periodista; en AI desde hace dos décadas.

Trabajó sobre el terreno durante años en Haití, Guatemala, Palestina... Se encargó del programa de defensores de derechos humanos y luego de la ley de guerra y de conflictos: "Aprendíamos sobre la marcha, sobre todo en Palestina". Y tras el 11-S, en la llamada "guerra contra el terror", cuando EE UU pedía cambiar la legislación entera. "Fue investigando los desaparecidos cuando surgieron los cabos de los vuelos secretos de la CIA".

Camilo Mejía
El primer desertor en Irak

Nicaragua, 1975, exsargento del Ejército de EE UU, condenado a un año de cárcel por deserción en 2004. Preso de conciencia de AI.

Ha escrito un libro, Road from Ar Ramadi, donde cuenta su rebelión privada tras ser enviado a Irak y rehusar volver en 2003 a una guerra que consideraba injusta. Objetor de conciencia, se convirtió, tras cinco meses en el frente, en el primer soldado que desertó. Lo que vio no le gustó. Fue condenado a un año de cárcel. Miembro de una organización, www.ivaw.org, para detener la movilización de soldados con traumas.

Diaa el Din
'Bloguero' egipcio propalestino

25 años, detenido en 2009 por crear un 'blog' y expresar oposición a Mubarak y a Israel. AI lanzó una acción urgente para localizarle. Fue torturado.

La plaza Tahrir (abajo, El Cairo), convertida en lugar de encuentro, puro ambiente de Transición española, para Diaa y Yasmine y Abdu... Universitarios, de vaqueros, ellos, y pañuelo, ellas; profundamente jóvenes, religiosos, politizados y propalestinos; clase media amante de la revolución. "Aire contaminado, política contaminada". "Metáfora", dicen, de "30 años Mubarak". Por criticarlo, Diaa acabó en la cárcel.

Horia Mosadiq
Luchadora en Afganistán

Kabul, 35 años, periodista, casada, tres hijas. Presidenta de la Foundation of Solidarity for Justice. Amenazada ella y su familia, AI la rescató.

Afable y seria, muy implicada con las víctimas de guerra, vivió de pleno el furor talibán, fue amenazada y se exilió con su marido y tres hijas a Londres. Ha pasado de ser víctima apoyada por AI a ser investigadora de la ONG, que ha roto con ella una norma: ningún investigador podía ocuparse de su país. Hasta que la conocieron: "De vez en cuando aparecen joyas así". Ella habla distintas lenguas y conoce bien a los "perpetradores", aún en el poder.

Weja Chicampo
Desde Guinea hasta Lugo

Detenido en Malabo desde 2004 por el ejercicio pacífico de sus ideas, nunca fue juzgado. Indultado y expulsado del país en 2006. Vive en Madrid.

El grupo de AI de Lugo adoptó a Weja, de etnia bubi, del Movimiento para la Autodeterminación de la isla de Bioko (rica en petróleo) en Guinea Ecuatorial. Amenazado de muerte, expulsado y preso varias veces desde los noventa, supo de los de Lugo por una radio en prisión. "Pensé: estoy salvado, ya no soy un desaparecido". Con aspiraciones políticas: "La libertad de los partidos en mi país es una fachada".

Shao Jiang
Represaliado en Tiananmen

43 años, participó en las revueltas de 1989. Exiliado en Londres, profesor de Sociología en la Universidad de Westminster, no puede regresar a China.

Siempre fue investigador. Es calmado, menudo, callado. Analizaba en China los medios underground, aprendió así a tener una visión crítica. Y luego: "28 millones en todo el país; en Tiananmen, 2 millones, y sin Facebook". Con la represión tuvo que ocultarse, fue detenido 18 meses; salía, escribía, criticaba, y de nuevo a prisión, así 40 veces... Salió por Hong Kong hasta Suecia en 1997 como refugiado y comenzó su relación con AI.

Normando Hernández
Cartas de Albacete a Cuba

Colón (Matanzas), 41 años, periodista, preso del grupo de 2003 en Cuba, condenado a 25 años, exiliado con su familia a España desde 2010.

Tras conocer las detenciones de 2003, AI lanzó un comunicado: "Nos tememos que 77 de las personas detenidas sean presos de conciencia". Uno de ellos era Normando, que en la imagen aparece en el centro de Albacete junto a Armando Talavera, activista enorme del grupo de AI de esta ciudad, que crece y crece en miembros. Así, un preso cubano con un comerciante manchego dueño de una tienda de lencería que, sin más, se preocupa y ocupa de que está en prisión. Nunca se habían visto. "¿Así es que es aquí desde donde me enviabas las cartas?", pregunta el cubano en la oficina. Un encuentro impagable.

Previous Next
Martina Correia y Victoria Davis, Todos somos Troy Davis (EE UU)
ígor SutYagin, El científico ruso acusado de espía
Valdenia Paulino, Defensora de derechos humanos (Brasil)
Ascensión Anguita, El mapa del cuerpo
María Ubilerma, Luz Marina bernal | madres de Soacha (Colombia)
Marcos Ana, El preso franquista
Celestine akpoBari, El petróleo o la vida
Anne Fitzgerald, investigadora de guerra
Camilo Mejía, El primer desertor en Irak
Diaa el Din, bloguero egipcio propalestino
Horia Mosadiq, Luchadora en Afganistán
Weja Chicampo, Desde Guinea hasta Lugo
shao Jiang, represaliado en TianaNmen
Normando Hernández, cartas de albacete a cuba
Logotipo 5 aniversario Amnisitia Internacional
logotipo el pais

VIDEO

EL AZOTE D ELOS GOBIERNOS

Reportaje: LOLA HUETE MACHADO | Fotografía: SOFÍA MORO

Cartas, protestas, informes independientes... Hablar de derechos humanos es hablar de Amnistía Internacional. “Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”, dijo un hombre en 1961, llamando a la acción. Y hoy, tres millones de activistas actúan de barómetro del estado de la justicia en el mundo. En su 50º cumpleaños le ponemos rostro a su historia a través de 14 de sus protagonistas de 12 países.

Ni Facebook ni Wikileaks

Las redes sociales y la exhibición pública de asuntos que a los Gobiernos no les gusta airear son prácticas de Amnistía Internacional (AI) desde su nacimiento. Y justo ahora cumple medio siglo. Dado el aniversario, pongamos cara a aquellos que están detrás de sus acciones. Esa era la idea para este reportaje. Dicho y hecho. Y al extender ahora nuestro mapa de ruta resulta que no cabe aquí lo mucho que esta organización representa en la democratización del mundo. A día de hoy, que Amnistía se fije en uno no es cuestión banal. Y más sabiendo lo que ahora sabemos: "Un investigador de AI nunca abandona un caso hasta que no está resuelto". Y debe ser: miren, si no, sus casos de presos, casi 50.000, la mayoría cerrados; sus informes, 17.093. Completos, insistentes, en bucle, como esas concertinas (alambradas) que se colocan en las prisiones para acotar... Azote de Gobiernos, dicen unos. Mosca cojonera, otros. Por ello, esta ONG independiente (no solicita ni admite financiación de Gobiernos o partidos; ingresó 202 millones de euros en 2009; en España, en 2010, siete, el 96% de cuotas y donaciones; el resto, ventas) recibió en 1977 el Premio Nobel de la Paz: por preparar el terreno para la libertad, para la justicia y la paz en el mundo".

  • Postales recibidas por el ruso ígor Sutyagin, durante sus 11 años de prisión, enviadas por miembros de Amnistía Internacional.
  • Postales recibidas por el ruso ígor Sutyagin, durante sus 11 años de prisión, enviadas por miembros de Amnistía Internacional.
  • Postales recibidas por el ruso ígor Sutyagin, durante sus 11 años de prisión, enviadas por miembros de Amnistía Internacional.
  • Postales recibidas por el ruso ígor Sutyagin, durante sus 11 años de prisión, enviadas por miembros de Amnistía Internacional.
  • Postales recibidas por el ruso ígor Sutyagin, durante sus 11 años de prisión, enviadas por miembros de Amnistía Internacional.
  • Postales recibidas por el ruso ígor Sutyagin, durante sus 11 años de prisión, enviadas por miembros de Amnistía Internacional.
Previous image Enlarge Close Next image
/

La paz

Pensábamos en ella justo (ya que los investigadores de AI andan por Libia) cuando saltó la noticia: la Corte Suprema de EE UU rechaza la apelación de Troy Davis, de 42 años, condenado a muerte desde hace dos décadas. Él es uno de los casos emblema de AI, parte de una de sus batallas: la que libra contra la pena capital. Y el desaliento se extiende cual tsunami en este día de marzo por la sede del Secretariado Internacional en Londres. "¿Qué es lo primero que harás al salir?", le habíamos preguntado por teléfono a Troy en diciembre en una visita a su casa familiar en Savannah (Georgia): "Lo pasaré con los míos... sentado en un baño caliente". "¿Qué es lo primero que hará cuando Troy salga?", le preguntamos a su madre Victoria Davis. "Irme para siempre de este Estado malvado". Entonces aún había esperanza. Su fuerza y la de su hija mayor, Martina Correia, que ha hecho de la lucha por su hermano (condenado sin móvil ni arma, con la mayoría de los testigos retractados) su razón de ser, parecía inundar Londres entero mientras los de AI leían el comunicado decepcionado de la directora de la campaña por la abolición en EE UU: "Da la impresión de que al sistema de justicia no le incomoda que una persona sea ejecutada aunque no se hayan despejado todas las dudas sobre su culpabilidad en el caso...". "Rezo por que se ordene mi inmediata liberación. Y si no, que se me garantice un nuevo juicio. Quiero salir como hombre libre este 2011.Y después de recuperar mi vida seguiré luchando por la abolición de la pena de muerte", decía Troy. Pero no. Y Troy está a punto de doblar en esta carrera de encierros injustos al español Marcos Ana, el hombre que más tiempo pasó en una cárcel franquista, 23 años, quien, dice, se salvó con la literatura como Troy, dice, se salva ahora con la fe en Dios y en los suyos. Mi vida / os la puedo contar en dos palabras: / Un patio / y un trocito de cielo donde a veces pasan / una nube perdida y algún pájaro / huyendo de sus alas. Así decía Mi corazón es patio, el poema que hizo famoso a Marcos Ana, que él nos mostrará luego en su casa madrileña.

La sede de AI

dos edificios de ladrillo unidos por un corredor, en Easton Street, es un río caudaloso de información pública sobre derechos humanos. Todo fluye. Vas de un piso a otro dividido por colores, y pisas secciones (cuentas, prensa...) y continentes: acá, América; allí, Asia... Países, ciudades, pueblos, víctimas, ampliados con una suerte de microscopio made in AI, de enfoque lento, pero seguro, que permite ver bien el virus causante del daño. Así son los informes de AI: cocidos a fuego lento. Precisos. "No podemos permitirnos errores". Te tropiezas por estos pasillos con alguno del centenar de investigadores que se encargan de Estados concretos y puedes demorarte un día entero hablando. Y hasta con alguno de los séniors de AI (son cinco): Javier Zúñiga (especialista en América Latina, enciclopédico, la memoria de los abusos del continente, ni un año bastaría con él: "Ay, Brasil", dice, "nuestra China en América Latina"), Claudio Cordone (especialista en el Medio Oriente), Whitney Brown (experta en asuntos legales), Donatella Rovera (una máquina de alta cilindrada que se encuentra en el norte de África deshilando el hilo de esa rueca y mandando informes sobre represión y daños) y Anne Fitzgerald, que destapó los vuelos secretos de la CIA; uno de los grandes éxitos de AI (ver informes EE UU/Yemen, Reclusión secreta en los 'lugares negros' de la CIA, 2005; Below ther radar. Secret flights to torture and 'disappearance', 2006, y Open secret, sobre la complicidad europea en estos hechos, 2010, además de otros sobre los aún 39 desaparecidos).

Tarjeta de bloguero del egipcio Diaa el Din.

Fitzgerald no puede disimular su amargura con lo de Troy. "¿Cuál es su mayor éxito en AI?", le preguntamos en el comedor de su casa british, con jardín y perro y cocina de madera, llena de catálogos para comprar flores, libros y recuerdos. "Yemen", responderá (los desaparecidos yemeníes de 2003, víctimas de la red estadounidense de detenciones ilegales). "¿Y su frustración?" "Estados Unidos, siempre". Un muro, dice, contra el que darse cabezazos (como demuestran una vez más los Wikileaks sobre Guantánamo y otras cosas de actualidad). La mayor democracia y el mayor obstáculo. "Se desvelan abusos, pero nunca se responsabilizan". Y no solo eso. En derechos sucede como en el clima o las armas... Si un país poderoso no firma un protocolo, otros se excusan. Una espina, pues. En Savannah, Martina Correia no cesa, contesta al revés sufrido: "No abandonaremos nuestra causa bajo ningún concepto". Puro espíritu AI.

Medio millar de personas (2.000 en todo el mundo) trabajan en el cuartel general de AI; de 66 países distintos. Gente común, 40 años de media, la gran mayoría mujeres. ¿Método de trabajo de la ONG? Recabar información a diario a través de denuncias, de medios, de redes, de visitas, de colaboración con ONG locales, de contacto constante con el lugar y sus gentes, de hacer lobby con otras... Número de informes de investigación que AI ha editado desde 1961: 17.093, producto de 3.341 visitas; numero de acciones urgentes desde 1985: 20.544 (aunque este método de movilización rápida, si se determina que una persona corre peligro o se está produciendo una crisis, se empezó a usar en 1973). Este año han emitido 267.

Multiplicando aquí y allá: ¡un millón de horas anuales han calculado que invierte este equipo en salvaguardar los derechos humanos del planeta!, dicen sonriendo hoy a duras penas. Gente de gran entereza. Porque aquí las malas noticias abundan como se ve, aunque hay también sección para las buenas (muy activa, en realidad). Hoy mismo anuncian: "El activista indio de derechos humanos Binayak Sen será puesto en libertad bajo fianza". Levantas cualquier papel y ahí están escritos objetivos: presos de conciencia, pena de muerte, juicios justos, impunidad, tortura, desaparecidos, guerra contra el terror tras el 11-S...

Personas que trabajan por personas

que trabajan por personas... y que cambian legislaciones. Así se presentan en AI al ser preguntados. Voluntarios o no, de toda condición, juntos, en pro del cumplimiento de la Declaración Universal en la ONU en 1948.

Familia de Horia Mosadiq, periodista afgana refugiada en Londres

Buceamos por AI a través de 14 personas de 12 países (en las imágenes), elegidas entre miles posibles. Algunas de ellas son activistas puros o investigadores; otras, ex presos o víctimas. Y las hay, y en gran cantidad, tal como sueña ser Troy, de un tercer grupo: las que pelean ahora para conseguir para otros lo que ayer se consiguió para ellas. Una red. Un círculo. Como nuestra travesía misma. Que comenzó un buen día de noviembre de 2010 en una plaza de Madrid, en la Mayor, junto a dos de las madres de Soacha (Colombia), poniendo despacio sobre la mesa, una a una, fotos de sus hijos asesinados en 2008 por el Ejército colombiano, ante la mirada atenta de Nancy Sánchez, defensora de derechos humanos, y los camareros de las terrazas sableándonos, creyéndonos turistas. Jaime, de 16 años, en el campo, en la casa, haciendo arrumacos... Y se hizo el silencio, como si el mismo Jaime cruzara a nuestro lado, y ellas: "De mi chico dijeron que era guerrillero, que tenía un arma en la mano, y cómo podría ser eso, si era discapacitado de ese brazo". Y termina este viaje en otra plaza, en la de Tahrir en El Cairo (Egipto), con el bloguero Diaa el Din Gad y sus amigos, dando vueltas revolucionarias un día tras otro, con los tanques del ejército parapetados bien cerca. Diaa fue detenido en 2009 por demasiado propalestino y por hablar contra Mubarak, estuvo desaparecido, sometido a torturas. Su madre puso a AI en guardia, que impulsó una de sus acciones urgentes. "Envíen llamamientos al ministro de Interior, al fiscal, a la Embajada de Egipto... instando a las autoridades a que revelen de inmediato su paradero... ". "Tú, que eres hijo de familia bien, ¿para qué te metes en esto?", le decían los carceleros. "Precisamente por eso", contestaba él.

Libertad de expresión

La mecha. El espacio por el que lucha AI desde que el abogado católico y judío Peter Benenson pusiera las palabras-cimientos de la organización un 28 de mayo de 1961 en un artículo en prensa en defensa de ocho presos portugueses y aludiera luego a un proverbio chino de valor eterno: "Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad". Menos quejarse y más actuar, vino a decir. Y sus palabras fueron cual levadura de este pan inmenso que ahora amasan tres millones de socios en 150 países en 68 oficinas locales (los más: Holanda, con 300.000 socios. En España, 63.602; 1.500 activistas). Desde entonces, en paredes, cuadernos y fachadas aparece el logo: una vela rodeada de alambre de espino. Amarillo luz. Llevar a la escena pública el lado oscuro de la acción política. "No puede ser voluntario respetar los derechos humanos, debe ser obligatorio, no son artículos de lujo según que época", dice Esteban Beltrán, director de AI España. Pocas empresas con tal dimensión. Y dedicadas a objetivos tan altruistas, cuyo foco se ha ido ampliando: primero eran solo presos (con el debate añadido de si defender a alguien violento o no, y la conclusión: defender siempre un juicio justo y un trato humanitario, cualquiera que sea el delito), luego, armas, tortura, justicia internacional... y ahora, impulsar el pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales. "Aceptamos la pobreza como inevitable, con la misma actitud que tratábamos la esclavitud en el siglo XIX", advierte Beltrán. "Exige dignidad" se llama su última campaña. "Tenemos que buscar a los Pinochet de la pobreza", apuntan. "Hemos dejado de ser hace mucho una organización de presos para serlo de derechos humanos", comentarán en AI de Lugo, uno de los equipos más implicados de España (celebran ahora sus 25 años). Lugo simboliza bien lo que es el trabajo de grupo: han adoptado presos diversos (desde Puigane, del asalto al cuartel de La Tablada, hasta el guineano Weja Chicampo, pasando por desaparecidos saharauis, un sacerdote vietnamita...) y organizar: "Todo lo que podemos hacer lo hacemos: escribir, subirnos a un globo por Lugo, hacer el Camino de Santiago con petos con sus imágenes". Y los presos muchas veces ni siquiera se enteran de quiénes son las personas que contribuyeron a su liberación.

Fotografías de Jaime y Fair Leonardo, asesinados en Colombia

Beltrán construye un autorretrato de AI en la sede de Madrid. "Imparcialidad, no importa el régimen, también investigamos en democracias; no cometer errores por la precipitación... ". Y dice que este trabajo no se acaba nunca, pero que ya hay tres asuntos "a término": pena de muerte (150 países en contra; "habrá un mundo sin ejecuciones legales"); justicia internacional, que hace que los criminales no se vayan de rositas ("no se puede pasar página en la historia sin leerla", dice en relación a los 100.000 desaparecidos aún en España), y tortura. "Las actuaciones son importantes, sí, pero cambiar las políticas es lo fundamental, y eso es muy lento", decía Anne. "Por eso, ahora, los países emergentes (BRICS) son prioritarios para nosotros". Por el efecto dominó: "Si por ejemplo Brasil mejorara sus condiciones carcelarias... ". "La división entre lo político y lo económico no existe. Muchos defensores trabajan con indígenas, con sindicalistas, con lo ecológico...". Uf, suspiran en Madrid, en Londres...: "No tenemos más recursos para cubrir más temas; no podemos recortar la realidad como nos gustaría. Pero la gente lo reclama: y esto requiere otro modo de acción. Con Gobiernos se firman compromisos y luego la presión internacional funciona; no quieren vergüenza pública... Pero con empresas privadas es todo más complicado, están preparadas para responder a las críticas. El de los indígenas es uno de los temas más graves hoy, a nadie le importan, hay intereses económicos de por medio, muchas manos... y lo peor es que no están en la agenda...".

Paciencia

Una larga lista de éxitos tienen ya tras de sí; basta atender al número elevado de premios Nobel que fueron antaño casos de los que se ocupó AI: Andréi Sajarov, Adolfo Pérez Esquivel, Wole Soyinka; Aung San Suu Kyi; Rigoberta Menchú; Nelson Mandela, Orhan Pamuk, Liu Xiaobo... "Sin Amnistía, Pinochet nunca se habría sentado en el banquillo; sin AI, la pena de muerte aún existiría en el Código Penal militar en España...". "No sé si hacemos mucho o poco, pero cuando empecé, hace dos décadas, nadie hablaba de derechos humanos, y ahora es parte de todo", nos dice más animada Fitgerald, quejándose, sin embargo, de lo difícil que sigue siendo -ella, que ha sido cocinera/periodista antes que fraile-, que estas historias aparezcan en los medios... cuando el interés del público sigue intacto. Por ejemplo, en España: "Ni el crecimiento económico ni la crisis hacen subir o bajar el número de socios, la implicación o participación".

Camilo Mejía, objetor de la guerra de Iraq, en el frente

El fundador, Benenson, tras su artículo de gran repercusión, se puso en contacto con varios amigos, y estos agregaron a otros y a otros y a otros. Crearon red y decidieron ponerse a escribir juntos y masivamente a los poderosos. Mensajes personales. Sobre los condenados. Y cartas a los propios presos. Una suerte de correos empeñados en llevar cartas al zar. Con el paso del tiempo, los métodos de envío han mutado "de la pluma al ratón"; los retos son otros (gestionar y ordenar la información: "El margen de error crece"), pero el zar sigue siendo el zar, poderoso. Lo que significan las cartas para una persona aislada 23 de cada 24 horas, como está Troy Davis, lo cuenta él mismo: "Recibir cientos de ellas de todo el mundo es un consuelo para mi corazón". O el científico ruso Ígor Sutyagin, 11 años prisionero, al que vemos en Oxford (bajito, gorra de paño, eslavo; mirarle es mirar una película): "Recibir postales, para mí, era una ventana a un mundo colorista. ¡Una imagen de España o del Caribe en ese mundo gris y negro! Es la ilusión de estar conectado con el gran mundo y un control invisible de los carceleros. Hey, pensarán, este tipo recibe montones de cartas, debe de ser importante, mejor ser precavido... Las cartas son felicidad para muchos... Los presos las reutilizan, las pintan, las cuelgan, las regalan y envían a sus seres queridos... Una postal sirve no solo a una persona, sino a muchas alrededor".

Seis libretas de apuntes se han llenado en este tiempo. Medio año de citas, idas y venidas para encontrarse con unos y otros. Desde las favelas y los juzgados que visita sin pausa la defensora de derechos humanos Valdenia Paulino en João Pessoa (Brasil) hasta el lugar exacto en Savannah en el que la vida de Troy Davis cambió: el parking de la terminal Greyhound, junto al Burger King de la avenida Oglethorpe. Desde el Puerto Rico de Miami donde Camilo Mejía habló sobre su abandono del Ejército estadounidense, del que era sargento, hasta convertirse en el primer desertor de la guerra de Irak, hasta la Oficina de la Sección Española en Madrid, incansables todos, o las de los grupos de Albacete o Lugo.

Cuadernos repletos de vida cotidiana de los activistas. De detalles. A saber, cómo Valdenia, que ha tenido siempre la muerte en los talones (¿de qué pasta están hechos los defensores?), vive como si el instante último ya llegara. Con qué angustia de ser se plantea el día día una víctima de violencia de género como Ascensión Anguita. Qué ha sido de la vida de Shao Jiang, que fue uno de los miles de estudiantes que protestaron en Tiananmen en 1989 y ahora es profesor en Londres: "Yo tuve suerte. Muchos amigos murieron en la cárcel. Me encarcelaron hasta 40 veces. Salí por Hong Kong hacia Suecia en 1997 como refugiado junto a otros de la ONU, allí comenzó mi relación con AI, hice informes...". "¿Ahora China está mejor?". "Peor. Con grandísimas diferencias sociales, económicas, Internet, todo está controlado, pero la gente es ahora más consciente, defiende sus derechos desde dentro".

Si el currículo de Amnistía

da para un libro; cada historia personal, para otro. El primero, de hecho, ya se ha escrito: buenísimo, Como agua en la piedra, de Jonathan Power, se publicó en el 40º aniversario. En él se relatan éxitos y fracasos: los casos de prisioneros políticos como Obasanjo en Nigeria, o la labor de AI en países complicados como Guatemala, apoyando a los que se enfrentaban a los escuadrones de la muerte, o la República Centroafricana, donde sacaron a la luz la masacre de niños; la guerra sucia de Gran Bretaña en Irlanda del Norte, o uno de los puntos negros de AI en los setenta, el apoyo a la banda terrorista alemana Baader-Meinhof. La obra concluye: "Quizá Amnistía no ha cambiado el mundo todavía, pero tampoco lo ha dejado tal como lo encontró".

El grupo de Amnistía Internacional de Lugo, junto al preso de conciencia guineano Weja Chicampo.

Del segundo, sin duda, el más conmovedor sería el de los Davis. En noviembre le preguntamos a Troy por sus peores momentos. "Ver el dolor en los ojos de mi familia las tres veces que pisé el corredor de la muerte. Me rompió el alma", contestó. Por sus nostalgias. "Echo de menos las peleas de almohadas con mis sobrinos, sus sonrisas, la deliciosa comida de mi madre". Ya no la probará, porque mientras escribimos este texto, Victoria ha muerto en Savannah. De repente. Sin estar enferma. Su corazón se paró al poco de saber que su hijo no será liberado, que podría ser ejecutado. Quizá no ha querido vivir para verlo.

Más información: www.amnistiainternacional.es

icono flecha arriba
elpais.com
EDICIONES Papallones, S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid (España)

COMPÁRTELO

  • Twitter
  • Skup
logotipo amnisitia internacional