Alcaraz supera a Rublev y se
El número uno se impone al defensor del título en un duelo eléctrico (7-6(3) y 6-4, en 2h 02m) y estira su regularidad: 12 finales en los 13 últimos torneos que ha jugado


De esta forma se desarrolla actualmente la realidad de Carlos Alcaraz, un tenista que vive de final en final. Registra 12 en los 13 torneos más recientes en los que ha competido, alcanzando un total de 34 en su todavía incipiente recorrido —la misma cantidad que obtuvo en trece años en la alta competición su antiguo preparador, Juan Carlos Ferrero— y supone la segunda que logra en este comienzo de campaña impecable. El murciano mantiene su invicto este viernes, en Doha: once duelos, otras tantas victorias. Este último triunfo estuvo acompañado por el enfado y la impotencia de Andrey Rublev, un constante vaivén de sentimientos que lucha intensamente, pero que termina cediendo ante el magnífico nivel del número uno: 7-6(3) y 6-4, tras 2h 02m.
Ahora mismo, medirse con Alcaraz —citado este sábado (19.00, Movistar+) con Jakub Mensik o Arthur Fills— viene a ser algo así como una visita al dentista: cualquiera lo evitaría. Hoy por hoy, ninguno puede hincarle el diente. A su inigualable calidad y toda la inventiva se añade el oficio adquirido en los últimos tiempos, así que la fórmula es sencillamente devastadora para el resto. Lo intenta Rublev, pero choca contra el muro. No hay manera. No hay quien pueda con el español, plenipotenciario en este presente que él cuantifica en forma de triunfos y en el que Jannik Sinner, apeado el día anterior en los cuartos de final, parece guerrear con un par de puntos menos de chispa, ahora a remolque.
Frente a las dudas suscitadas por el italiano en la franja inicial del año, Alcaraz se expresa estos días con toda su rotundidad: más certero, más compacto, igual de serio. En forma de todo. Abrumador en la fase ofensiva, desde el repliegue pulveriza mentes quebradizas como las de Rublev, un tenista de calidad indiscutible, aunque de difícil solución. No parece haber remedio. Fue, es y será Rublev, un incendio andante. Así de simple. No se le puede achacar esta vez una bajada de brazos, pero sus mordiscos encuentran una réplica todavía más feroz y mejor controlada, sin fisuras y desde el punto de vista estético, deliciosa.
Cierra el de El Palmar el primer set con elegancia e imaginación, cortando la pelota hacia el ángulo con la katana. A la maniobra le acompaña un zumbido sofisticado que se filtra entre el sonido predominante de fondo: son dos cordajes crujiendo, tenistas a fuego, eléctricos. No se ha cerrado el primer juego y a Rublev (14º del mundo, 28 años) ya se le han escapado un par de improperios cuando no ha conseguido aprovechar las dos primeras opciones de break. Lo intenta y lo intenta él, pero en algo le dice que afronta un imposible. A la que Alcaraz tiene a tiro la recompensa por primera vez, atina.
Se trata de un enfrentamiento por rachas, de empuje en empuje, que avanza de manera bastante equilibrada aunque con la impresión de que el primer clasificado lo resolverá a su antojo en cualquier momento. No importa si comete una doble falta a destiempo, si entrega un segundo break debido a una volea que se va larga o si el ruso vence en un peloteo de máxima intensidad con hasta 26 toques. No es más que un espejismo. En el instante crucial, mazazo moral para Rublev, que se castiga a sí mismo tras otro fallo, una estampa contemplada en infinidad de ocasiones: uno, dos, tres y hasta cuatro impactos de raqueta descarga sobre su rodilla izquierda, que, por fortuna para él, ya está endurecida.
Aun así, no se rinde. Ya se ha enzarzado con el juez Mohammed Layani al considerar que está siendo laxo con el segundero cuando va a servir Alcaraz, pero no llega a desconectar. Son 28 años, pero nunca es tarde para aprender. Esta vez, no se cae. Hasta el último aliento él. Persiste e insiste. Sin embargo, cada vez que ve delante el caramelo, el murciano le niega y le aborda en toda su plenitud, invirtiéndose magistralmente con la derecha y procesando con la madurez que le falta a su rival todas las circunstancias. Es un pulso de puertas abiertas y a cuchilladas, del 3-0 al 5-4, pero finalmente impera el orden y el aplomo del español.
A la quinta opción, lo cierra y lo celebra. Su tarjeta refleja 20 tiros ganadores con la derecha y la superioridad en el toma y daca: cinco quiebres a su favor, tras once oportunidades, por los cuatro del moscovita, en tres. Se prolonga, pues, el regular desfile que inició Alcaraz en abril, después de haber sufrido un bache previamente en Miami. A partir de ahí, una final tras otra, si no de éxito en éxito. Únicamente falló en el Masters de París, territorio al que todavía debe tomarle la medida. “Si pierdes un poco el foco, te pasa por encima”, decía Rublev, defensor del título. Y así es. Ahí se eleva un competidor apabullante.
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